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miércoles, 31 de agosto de 2011

Capítulo 3 - 2/2: Esos preciosos ojos violetas...

2 de Julio

Portón de la Escuela de Inmortales:

-Pero ¿es que no van a venir en la vida o qué? -preguntó Kido mirando como quedaba su pelo en una vidriera.
-Espera un poco más, estarán al llegar...-dijo Det intentando calmarlo.
Al minuto Lily salió por el enorme portón arrastrando consigo a Leo que con el sueño que tenía no podía ni andar e intentaba convencer a su amiga de quedarse a dormir.
-Lo siento, he tenido que traerlo a rastras-se disculpó Lily viendo como Leo empezaba a despejarse. Se frotó los ojos y miró a todas partes.
-Buenos días...
Todos le miraron enfadados excepto Lily que se reía de la cara de su amigo justo cuando el tutor apareció vestido con ropa deportiva. Parecía contento y hoy no llevaba el pelo repeinado si no que iba bastante informal.
Se podían ver perfectamente sus preciosos ojos verdosos cuando se quitó unas Ray-Ban negras y saludó a los chicos.
-Prestad atención. Iréis en parejas por el bosque a encontrar algún ser mágico, al final del día debéis volver a la entrada de la Escuela y ahora, ¿cuáles son las parejas?
-¡Yo iré con Det!-gritó Inti mientras corría hacia él. A Det le daba igual y no pensaba que hubiese una mejor pareja que no fuese la dulce y alegre Inti.
-Entonces yo iré con Han ¿a que sí, tío?- Kido se acercó a Han con intención de chocar los cinco pero el aludido se dio la vuelta para ignorarlo.
-Leo y yo iremos juntos-dijo Lily al ver que su amigo no estaba muy por la labor de hablar.
Solo Angy se quedó sola y parecía no importarle pues ya se iba decidida hacia el bosque. El profesor la paró como pudo e intentó convencerla de ir con él, pero después lo pensó, no sería justo para los demás. Ella seguía diciendo que podía ir sola hasta que apareció Einat de la espalda de Han.
-Podría ir yo si os parece bien...
Todos se miraron interrogantes, preguntándose de donde había salido una ardilla que podía hablar. Aunque solo el tutor y Han no se sobresaltaron.
-¡Oh! ¡Una ardilla parlante!-dijo Leo abriendo completamente los ojos por primera vez en toda la mañana- Ves, Lily, te dije que necesitaba dormir más...
-Por lo menos eres guapo- murmuró la ardilla, después se puso seria- En realidad soy un mago, suelo ayudar al director...
La pequeña ardilla no pudo terminar la frase, Angy se había acercado rápidamente a él y había comenzado a hablar.
-Bien, iré con él- dijo con un tono más superior a los demás. Mirando fijamente al profesor con sus intensos ojos rojos.
-De acuerdo- dijo rindiéndose el profesor. En ese instante todos se adentraron al bosque con sus respectivas parejas pero, ninguno podía ni imaginarse que no sería tan fácil después de todo.




En el bosque: 


Tras varias horas de caminata muchos habían perdido las ganas y otros se daban por vencidos al ver que no conseguían encontrar ni un nomo, hasta que, de dos en dos llegaron a un gran claro en el que corría un dulce viento.
Se miraron confundidos, al final todos había terminado en el mismo sitio.
-Anda, hola, ¿habéis encontrado algo? - les preguntó aburrido Kido -  nosotros ni un alma, ¿lo pilláis? - se dio por vencido - vale, es una cutrada...
Empezaba a refrescar y Angy fue la primera en decir que volverían a la escuela a descansar. Han pensó lo mismo que ella. Después de hablar con Inti e insistir mucho, Det consiguió convencerla y ellos también se fueron.
-Entonces, nos vamos ¿no? - le preguntó Leo a Lily cuando los demás estaban a una distancia que aunque chillaran no les escucharían.
-Supongo que sí, creo que me hice demasiadas ilusiones - comentó ella - pensaba que encontraríamos un montón de almas al final del día... no que volveríamos sin ni una.
Leo no había hablado nada en todo el día y también tenía aspecto decepcionada, con los ojos perdidos pero no de forma decaída sino,  pensativa.
Su olfato llevaba un tiempo oliendo dos aromas; uno era como a ceniza y el otro no sabría decir. Era una mezcla de tantos olores, que le era imposibles reconocerlos. Aunque captaba ese tufo y ese aroma no conseguía saber de donde provenía  y eso era lo que le sacaba de quicio.
En otra situación, habría encontrado el lugar exacto en unos instantes pero ahora, parecía huir de él, por lo menos solo aquella mezcla de olores.
Lily se había dado cuenta de la expresión en el rostro de Leo pero no sabía porque estaba así.
-Leo, ¿te mueves? - no lo dijo con dureza sino con su típica dulzura.
El chico reaccionó, pero no de la forma que ella había esperado. Leo se agazapó y comenzó a olisquear el aire en busca de algo.
-Demonios- susurró. Lily se estremeció. El olor a ceniza era eso, demonios, muchos y acercándose a ellos.


-¿Qué dices?- preguntó Lily nerviosa.
-Demonios: negros, muchos y que apestan- dijo él muy serio- ¿Nunca has olido uno?
Ella no tardó en responder .
-No he tenido el gusto pero por tu cara puedo adivinar que no es muy agradable- Lily retrocedió un paso y luego miró a Leo- Entonces, ¿qué hacemos?
Leo no pareció pensarlo mucho, se acercó a Lily dando grandes zancadas y la cogió de la mano sacándola lejos de allí pero, cuando estaban decididos a abandonar el claro, una enorme sombra les cortó el paso. Lily gritó, Leo la empujó lejos y aquel gran bulto asestó a Leo un buen golpe en el estómago que lo mandó a metros de él.
Lily asustada en el suelo no supo reaccionar. Vio a su amigo destrozado lejos de ella y a la sombra acercarse. Solo cuando vio el rostro de aquel ser comenzó a gritar.
<< Demonios. Leo tenía razón. Son demonios >> pensó mirando a los diabólicos ojos de la criatura.
Leo pareció reaccionar a sus gritos pero, cuando estuvo en pie, otros pequeños y escurridizos demonios habían aparecido. El chico comenzó a metamorfosearse a una azul y plateada pantera, mucho más grande de lo normal.
El pelo de la pantera era azul agua y sobre ella, como tatuajes, habían una especie de trazos plateados que se enlazaban unos con otros como si fueran las hojas de una enredadera.
Leo gruñó y en poco tiempo sus zarpas ya habían desgarrado las gargantas de los pequeños demonios. No había alma en aquellos cuerpos y comenzaron a arder silenciosamente, dejando tras ellos una nube de polvo negra.
Mientras tanto, Lily intentaba derretir la mano que se había ceñido a su cuerpo pero sin conseguirlo. Solo hacía que la criatura cerrara más su mano.
Con un jadeo, Lily dejó de usar su poder cuando vio que Leo se acercaba entre las sombras hacía ella.

-¡Leo!- chilló Lily, y el demonio la dejó caer para arañar parte del abdomen del chico. 
Leo volviendo a ser humano, vio como las garras del demonio habían dejado veneno en su estómago y no conseguía transformarse.
-Mierda...- dijo mirando la sangre mezclada con la ponzoña que había en sus manos.
Lily se acercó a él corriendo pero, antes de poder tocar su cuerpo, el  demonio cogió a Leo y comenzó a zarandearlo.
De repente empezó a hacer mucho calor y el demonio soltó a Leo que se retorció en el suelo. El calor cesó y pronto se pudo oir como un tintineo que se acercaba sigilosamente hacia ellos.
Clink.
Clink.
Clink...
La sombra que se acercaba tenía el contorno de una chica de unos diecisiete años. Su pelo azabache, recogido en una alta coleta de caballo, dejaba fuera el flequillo y caía por toda su espalda. La chica, que solo vestía unos anchos pantalones negros y unas simples vendas alrededor de su pecho cubriéndolo completamente, sonrió y abrió los ojos.
Ni Leo, ni Lily vieron jamás unos ojos tan preciosos. Poblados de pestañas y con un intenso color violeta que reflejaba un poder asombroso.
La chica los miró deteniéndose solo un poco más en Leo y, sin esperarse su reacción, saltó hacia el demonio con gráciles y precisos movimientos.






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