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jueves, 15 de septiembre de 2011

Capítulo 5: En mi corazón, la voluntad...

28 de Diciembre de hace 5 años...

Casa de Leo: 

La nieve no paraba de caer y la tormenta tapaba los gritos que salían de la casa de los Feir. En la habitación de arriba Leo se tapaba las orejas con las manos como había hecho esos doce años atrás. Abajo en la cocina su madre seguía peleando con su padre, el cual pasaba de todo ya que iba tan borracho que no se enteraba de nada. Lo que desearía Leo poder decirle cuatro cosas a su padre pero, no podía, su madre le había dicho mil veces que no debía decirle nada a su padre porque no quería que los golpes los recibiera él. Pero es que el no aguantaba más empezaba a estar más nervioso de lo normal. Una buena idea sería transformarse en lobo pero por desgracia su padre también podía transformarse en bestias todavía más peligrosas.
Leo gritó y en un ataque de rabia, se lanzó a la nieve por su ventana, cayó ileso y comenzó a correr. Las lágrimas no le dejaban ver por donde iba y si darse cuenta tropezó con una enorme piedra. Empezó a enderezarse cuando vio que a un metro una pantera azul estaba tirada en la nieve y una herida en su pata derecha rebosaba de sangre.
-Que suerte has tenido, chico...- murmuró la pantera- Has encontrado a uno de los grandes felinos herido ante tus pies...
Leo se quedó mudo de asombro.
-Mátame ya, anda...
No se lo pensó dos veces, se acercó a gatas al animal y se quedó arrodillado junto al limpiando como pudo la herida de su pata.
-No pienso matarte así como así, y la verdad, si tu piensas matarme cuando te recuperes ahora me da igual...-y Leo no pudo remediarlo unas silenciosas lágrimas cayeron sigilosamente por sus redondeadas mejillas pero, el seguía serio, mirando cuidadosamente la herida mientras, la pantera asombrada cerró los ojos con el reflejo de una sonrisa que cruzó por su cara.


[...]

-Ey, chico, despierta...- murmuró la pantera esperando a que Leo mostrará alguna señal de estar despierto. Ahora su aspecto era más saludable, sus trazos en el pelaje brillaban más plateados que como grises pero, en el fondo su corazón se ralentizaba por segundos.
Aunque pareciese imposible la pantera escuchó durante toda esa mañana las preocupaciones del muchacho. Paniki, así era como se llamaba la pantera, y era bastante mayor, al ser inmortal había vivido unos quinientos años sin ser cazada y se enorgullecía de eso.
-No quiero volver...-dijo de repente Leo. Miraba el cielo silenciosamente.
-Te ayudaría, chico pero, el veneno que había en esa herida me está matando. Por eso, he decidido, que me matarás y te quedarás con mi alma, así, podrás plantarle cara a tu padre.
Leo se levantó de golpe mirando a Paniki con los ojos en blanco.
-¡Ni en broma!
-Leo... el veneno acabará por matarme tarde o temprano y como que no puedo ir a un veterinario. Me gustaría que alguien como tú, se quedara con mi alma, y te lo pido por favor, como un amigo...
Eso terminó por conmover a Leo, solo transformó su mano derecha en una afilada zarpa pero, cuando se iba a dar la vuelta porque no se creía capaz de hacerlo, Paniki, a dos patas, se abrazó a su cuerpo, clavándose en el pecho la zarpa de Leo.
-Espero...-dijo con dificultad- Servirte de... ayuda...
Cayó al suelo silenciosamente como antaño hacía. Después de unos largos quinientos años, a la famosa pantera le llegó la hora. Su cuerpo desapareció, su alma se quedó atada en el corazón de un chico de 12 años. El cual había sido su segundo amigo, y el primero para Leo. Dos almas solitarias que, por cosa del destino, quedaron unidas por mucho más tiempo...


              
3 de Julio (en la actualidad)


Escuela de Almas Inmortales (Habitación de Leo): 

-Bueno, ya puedes suponer lo que pasó después. Fui a mi casa y eché a patadas a mi padre de allí- Leo suspiró y después mostró una de esas sonrisas que hacen sonreír a los que están alrededor pero, solo iba dirigida a una persona- Pero que bien me he quedado...
Kaimi le revolvió el pelo a Leo y se levantó sin decir palabra de su cama. Recogió un mochila hecha a mano con diferentes telas y abrió la puerta, asomándose primero un poco.
Soltó un largo suspiro antes de hablar.
-Lo siento pero, me tengo que ir.
Leo se levantó apoyándose en la mesita de noche.
-¿A dónde?
-A cualquier sitio, mañana estaré en un bosque, al día siguiente en un desierto...

-Y ¿porqué no te quedas?
A Kaimi esa pregunta le pilló por sorpresa. Se dio la vuelta lentamente y miró a Leo sorprendida. La mochila que llevaba colgada en su hombro se escurrió y cayó al suelo.
-¿Lo dices en serio?- murmuró desconcertada.
-Claro pero, tendrías que quedarte en la habitación de Lily, si quieres.
Kaimi no se lo pensó mucho, se lanzó a Leo, abrazándole, feliz de tener un sitio donde, por fin, podía quedarse tranquila...





*¡Y por fin aparece Kaimi! La que se va a liar xD pero para eso seguir leyendo mi historia :)


martes, 6 de septiembre de 2011

Capítulo 4: No tan desconocida...



En el bosque: ¿?


Sus movimientos se ralentizaban a los ojos de Leo, y podía ver como aquella cadena que utilizaba para detener los ataques del demonio, tenía en un extremo un kunai* y en el otro una campanilla de oro blanco que sonaba fragilmente entre aquel caos.
La chica no parecía tener problemas y Leo no podía caminar a causa del efecto del veneno, comenzaba a hacer efecto y su respiración se cortaba. A lo lejos puedo ver como el demonio y la chica se había parado y ella parecía hablarle, aunque no pudo oír lo que dijo.
-Vete de aquí- el demonio comenzó a temblar- No quiero que os volváis a acercar a este lugar, ¿entendido?
El demonio pareció entenderlo pues, con rápidos movimientos abandonó el claro. Fue entonces cuando ella miró atrás y vio que el chico de la melena negra no podía respirar y se arqueaba en el suelo con fuertes convulsiones.
Corrió preocupada hacia él.
-¡No puede respirar!- le gritó a la chica que miraba asustada a su compañero.
Lily pudo ver como la desconocida se precipitaba hacía Leo y cerraba sus labios contra los de él y a la vez sacaba un venda de sus pantalones para apretarla en la herida de su pecho.
Volvió a hacerle el boca a boca y esta vez el chico comenzó a respirar como antes, aunque el veneno le seguía afectando en el interior.
-Vamos, cálmate, respira- le decía una voz a su lado. Abrió los párpados solo lo suficiente como para ver esos dos preciosos ojos violetas que brillaban en ella y deseó poder seguir consciente para que no desapareciese.
Lily todavía seguía con la boca abierta y tirada en el suelo viendo como la desconocida cargaba en su espalda con Leo. Después la chica se acercó a ella y le sonrió.
Era realmente preciosa, y fuerte, tan fuerte que había podido ayudar a Leo en unos segundos. Y su aspecto, su arma... le sonaba de algo, y no sabía de que...
Con un poco de esfuerzo se levantó del suelo.
-Sois de la escuela de almas ¿verdad?- preguntó la desconocida. Lily asintió ansiosa por saber como se encontraba Leo- Debemos llevarle antes de que el veneno se esparza más por su cuerpo.
Lily, sin pensárselo dos veces, comenzó a andar a paso ligero hacia la escuela y pronto la oscuridad se hizo con el bosque...


Lily llevaba un rato incómoda viendo como la otra chica cargaba con Leo, aunque a ella no parecía importarle. Hasta que vio como Leo movió un poco la cabeza y balbuceó algo que Lily no pudo oír. Su acompañante paró y se sentó en una roca, poniendo a Leo sobre sus piernas.
-Lo siento, estoy un poco cansada- le dijo a Lily. Ella se sentó a su lado- Siento no haber podido llegar antes...
-Gracias a ti Leo sigue vivo... Por cierto, ¿quién eres?- llevaba un rato preguntándose quien sería aquella misteriosa chica que viajaba sola por un bosque a esas horas de la noche.
-Me llamo Kaimi- dicho esto le extendió una mano.
-Lily, encantada aunque, me da la sensación de que te conozco de algo...
Kaimi empezó a reírse, siempre le daba vergüenza hablar sobre ella y más si era del nombre que le habían puesto la gente.
-Bueno, muchos me llaman "la chica campanilla" por lo del arma que utilizo. Viajo por todo el mundo y casi siempre tengo que ayudar a alguien cuando está en apuros.
Lily se quedó sorprendida. Solo tenía 16 ó 17 años y ya iba por ahí salvando la vida de la gente como si se tratase de comprar churros para desayunar. Esta chica era realmente impresionante, vamos, un portento, seguro que sus padres estarían orgullos de ella y no como de otras, que solo servían para derretir la mantequilla como solía decir su padre.
Cuando las dos estaban en silencio, un ruido de crujir de ramas comenzó a oírse y luego el sonido de alguien maldiciendo. Las dos se prepararon para atacar pero lo único ó el único que salió de los arbustos fue Kido.
- Mierda de bosque...- murmuró y después se sorprendió al ver a Lily, a otra chica y a Leo desmayado sobre la tierra- ¿Lily? ¡Por fin os encuentro! - miró al espabilado de su amigo- Estando rodeada de bellezas vas y te desmayas...
Lily se ruborizó, Kaimi miró hacia otro lado y Kido cargó con Leo. El cual, se agarró su cuello murmurando algo como << ... idiota...>>.
-Agárrate, campeón- miró a las chicas sonriendo y extendió sus brazos- Cogeros a mí y no os soltéis.
Dicho y hecho, se cogieron a su cuerpo y Kido empezó a correr a la velocidad del rayo, pasando entre los árboles como si no estuvieran a su alrededor.
-Y querían mandar a Det a por vosotros, esto es mucho más divertido- Lily parecía que iba a vomitar y a Leo se le caía la cabeza hacia atrás pero Kaimi se la sujetó con firmeza mientras intentaba no pegarse demasiado a aquel tipo.


[...]


3 de Julio


Escuela de Inmortales: Leo


Tenía un cacao mental que no podía soportar, cada vez que intentaba abrir los ojos, su cabeza retumbaba una y otra vez. Solo una cosa hacía que se calmase, donde se encontraba sonaba suavemente la canción "So long, goodbye" de Sum 41 y una voz femenina que la acompañaba. Empezaba a sonarle esa voz y su cabeza ya no parecía un campo de batalla. Sus ojos se abrían lentamente y el solo parecía ser todavía más luminoso, cuando los abrió se dio cuenta de que estaba en su habitación de la escuela y la chica que cantaba  estaba de espaldas a él y seguía cantando como si nada hasta que, se dio la vuelta y Leo pudo ver sus ojos.
Ella también parecía sorprendida pero más que eso, estaba totalmente sonriente.
-Has despertado, dormilón...
-¿¡T-Tú!?- gritó Leo señalándola y con tanto alboroto cayó de su cama al suelo.
La chica corrió a ayudarle y lo sentó en la cama fijándose en la herida por si se había abierto, se sentó junto a él acariciándole la espalda para que se calmase.
-Que alegría de verme...- dijo ella entre risas. Leo se ruborizó al darse cuenta de su situación y comenzó a tartamudear como nunca antes había hecho.
-N-no, s-si me alegro d-de ver-verte...- susurró incapaz de articular palabra, eso hizo que ella se riese todavía más y decía cosas como "¡Ay! ¡Qué me parto!" mientras se secaba las lágrimas que tenía de la risa.
Leo la miraba embobado, rojo como un tomate y después se dio cuenta de las vendas que tenía alrededor del torso. Tocó un poco y no se sorprendió de notar dolor, vamos que ya estaba acostumbrado. Lo raro era: ¿Qué hacía esa chica desconocida en su habitación? Y lo peor de todo es que no tenía ni idea de quien era... pero, por las pintas que tenía le recordaba a un samurai o algo así. Tampoco parecía ser una mala persona ya que, les había salvado a Lily y a él y después le había curado sin pensárselo dos veces.
-Oh, lo siento, me llamo Kaimi- dijo ella y antes de que él se presentase volvió a hablar- Tus amigos me han dicho quien eres. Leo, un transformador en bestias. Es increíble, hay muy pocos como tú y que controlen a uno de los grandes felinos menos.
-Es una larga historia...
Ella sonrió y cruzándose de brazos dijo:
-En este momento, tengo todo el tiempo del mundo...
Leo sonrió, era la primera vez que le contaría su pasado a alguien porque, los demás no habían querido escucharle o él no había querido sacar el tema, y ella sin siquiera conocerle deseaba escucharle. Leo no tenía reparos en contárselo incluso pensaba que podría contarle todos sus secretos si seguía mirándole con esos ojos que le hacían perder el sentido sobre si mismo...




Pide lo que sea... tal vez se cumpla :)

Pide lo que sea... tal vez se cumpla :)